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Dolor de cabeza o cuello, molestias estomacales, problemas para conciliar el sueño, pesadillas, orinarse en la cama (enuresis), variaciones en los hábitos alimenticios, excesiva pasividad, costumbre de arrancarse mechones de pelo o morderse las uñas, hiperactividad.

Ansiedad, preocupaciones intensas, miedos recurrentes, apego excesivo a los adultos, llanto, agresividad, tozudez, insociabilidad, actitudes regresivas o típicas de niños de menos edad.

Para evaluar el daño psicológico, los investigadores han manejado escalas clínicas.
Las más frecuentes son: disminución de la autoestima, somatizaciones, depresión, sintomatología de estrés postraumático, la auto-imagen negativa, ansiedad y flashbacks (retroceso).
-Si crees tener éstos síntomas, no dudes en hablar.
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